ASOCIACION CULTURAL SANMARTINIANA DE LA MATANZA

Reconocida Oficialmente por el Instituto Nacional Sanmartiniano - Ley 15588
Fundada: 5 de Abril de 1975
Actividad: Historica, Cultural, Educativa y Social
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lunes, 18 de febrero de 2013

La historia de la primera bandera

Trabajo presentado en el Congreso de Historia organizado por el “CIRCULO MILITAR” y la ACADEMIA ARGENTINA DE LA HISTORIA, el 5, 6 y 7 de Mayo del 2.010, en el Circulo Militar.

Cuando leí en “Crónica Histórica Argentina” un artículo del historiador A. J. Pérez Amuchastegui sobre “Las Primeras Banderas Argentinas” (To. I. pag. 240), decidí que viajaría a Sucre para ver la insignia patria creada por Belgrano.-
La oportunidad se me presentó recién en octubre de 1997.- Como yo era socio correspondiente en Buenos Aires de la Sociedad Geográfica y de Historia de Tarija, fui invitado al primer encuentro nacional de las Sociedades Geográficas y de Historia de Bolivia.- La reunión fue precisamente en Sucre.- La anfitriona, era la Sociedad local, centenaria, la más vieja de Bolivia y tan vinculada al tema de las banderas de Macha.- Esa reunión me dio la oportunidad de ser cofundador de la Asociación Nacional de Sociedades Departamentales Geográficas y de Historia de esa República hermana.-
Allí, en la Casa de la Libertad, que es el Museo Histórico Nacional de Bolivia, en la plaza 25 de Mayo -llamada así por el levantamiento contra el Presidente de la Real Audiencia don García Pizarro, ocurrido el 25 de mayo de 1809- , tuve la emoción de poder ver nuestra primer bandera.-
Es conforme a la descripción efectuada por Pérez Amuchastegui en su mencionado artículo, en el que apunto un solo error.- Sus franjas son horizontales, como en la actualidad siguen siendo en nuestra bandera y no verticales como dice ese historiador.-
Dos meses más tarde viajé nuevamente para incorporarme a la Sociedad de Sucre como miembro correspondiente.- Me acompañó el Dr. Eduardo O. Dürnhöfer, vicepresidente entonces de la Academia Argentina de la Historia, que se interesó en el tema de la bandera y quería conocer además la casa donde había vivido Mariano Moreno cuando estudiaba en San Francisco Xavier.-
También me apasionó el tema, que estudié y desarrollé desde entonces en varios trabajos.- No es cierto que no se sepa donde esta y como era nuestra primer bandera, como todavía muchos sostienen.- La bandera existe y esta en Bolivia, en Sucre, en la Casa de la Libertad.-
Ahora bien, para historiar el origen de los colores de nuestra bandera, es necesario en primer término salvar un error inicial, común cuando se habla de la revolución de mayo. –
French y Beruti repartieron en la plaza de la Victoria el 22 de Mayo de 1810, cintas blancas con una estampa de Fernando VII, a la que agregaron el 25 una cinta roja, que simbolizaba sangre.- No es por consiguiente cierto que el día que nació la patria, los criollos usaban para distinguirse cintas blancas y celestes.-
La primera escarapela con esos colores, fue creada en la Provincia de Mendoza, para los Alabarderos Mendocinos, en Diciembre de 1810, por su Teniente. Gobernador, el salteño José de Moldes.- Enviada a Buenos Aires para su aprobación, la Junta Grande ni siquiera llegó a tratar el tema, abocada como estaba a otros graves problemas.-
Los colores celeste y blanca, se usaron por primera vez por en Buenos Aires, en enero de 1811, como distintivo no de los criollos, sino de la juventud moreniana que se reunía en el Café del catalán Pedro José Marco, ubicado en la esquina de Alsina y Bolívar, frente a la iglesia de San Ignacio.-
Ese movimiento juvenil, originó la prime poblada porteña, que fue en apoyo del Presidente de la Junta de Gobierno don Cornelio Saavedra.- La gente de los suburbios y las quintas, con sus alcaldes al frente y el apoyo de las tropas de Buenos Aires, se reunieron en la Plaza de la Victoria el 5 y 6 de abril, para desbaratar ese movimiento, lo que lograron, ya que la juventud instruida, como se denominaban, tenían programado un golpe contra la Junta de Gobierno, que debía estallar el 20 de ese mes.-
Pero después del desastre de Huaqui, Cornelio Saavedra consideró su deber marchar al Norte para reorganizar el ejército vencido y reconciliarlo con los altoperuanos, con los que el tenia tan buenos contactos por lazos de parentesco y amistad, para lo cual no dudo en ningún momento en delegar el mando en Domingo Matheu, que no era precisamente uno de sus amigos.- La Patria estaba primero para él, que los intereses políticos o personales.-
Matheu y sus enemigos aprovecharon su partida, derrocaron el gobierno de la Junta y lo reemplazaron por el Primer Triunvirato.-
Al comenzar el año de 1812, para poner freno a las incursiones navales de la flotilla española de Montevideo que comandaba Jacinto Romarate, el Triunvirato envió al General Manuel Belgrano a hacerse cargo de la guarnición de la Villa del Rosario.- Nuestra primer escuadrilla naval, pese a ser comandada con heroísmo por Juan Bautista Azopardo, había sido vencida en el combate de San Nicolás.- Los españoles eran los dueños del Plata y del Paraná.-
Pero no había escarapela ni bandera que diferenciara a nuestra tropas de las de España.- Belgrano solicitó al Triunvirato para uso y distintivo de sus soldados, una escarapela.- El Triunvirato accedió y por decreto fechado el 18 de febrero de 1812, la creó finalmente con los colores blanco y celeste.-
Quizá lo hizo para diferenciarla de la insignia de la juventud morenista que era celeste por fuera y blanca por dentro.- Nuestra primer escarapela fue por el contrario, blanca en su franca exterior y celeste en su franja interna.-
Pero Belgrano fue más allá y así el 27 de febrero, al inaugurar en Rosario la batería Libertad, además de la escarapela que lució la tropa, enarboló en la misma, en lugar del pabellón de España, una bandera con los colores blanco y celeste, es decir, con los mismos colores de la escarapela.-
Esa bandera tiene tres franjas que corren en forma horizontal, blanca la primera, celeste la del medio y nuevamente blanca la tercera.- Es la bandera que está en Sucre, en la Casa de la Libertad.-
Esto surge además claramente de la nota en que el general Belgrano, comunica la noticia al Triunvirato.- En la misma dice nuestro prócer: “Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste, conforme los colores de la escarapela nacional.- Espero que sea de la aprobación de V. E.”.-
Pero tener bandera complicaba la política del Triunvirato, que continuaba gobernando bajo el paraguas de la mascara de Fernando VII.-
Bernardino Rivadavia, secretario del mismo, al tomar conocimiento de lo actuado por Belgrano en Rosario, le manda instrucciones urgentes, prohibiéndole el uso de la bandera.-
Pero la instrucción no llegó al destinatario.- Belgrano ya había partido a Jujuy para asumir el mando del ejercito del Norte, con el que salvaría en la batalla de Tucumán, a la Revolución de Mayo.-
Nuestro General se encontró con un ejército desmoralizado y desorganizado.- Se da cuenta que lo primero que debe hacer, es levantar el ánimo de los vencidos en Huaqui, de elevar su moral como soldados.-
Que hace entonces.- Pide a las damas jujeñas que le confeccionen nuevamente una bandera con los mismos colores y tres franjas horizontales, para los festejos que programa del segundo aniversario patrio.-
Las damas le entregan la nueva bandera que tiene en el orden de los colores. una diferencia fundamental con la anterior.- Era celeste en su primer franja, blanca al medio y nuevamente celeste.- Es la que hoy se conoce como bandera de Ayohuma o bandera de Macha y se encuentra en nuestro Museo Histórico Nacional.-
El día de la patria en 1812, al presentarla frente a sus soldados, los arengo diciendo:
“Soldados, hijos dignos de la Patria, camaradas míos: El 25 de Mayo será para siempre un día memorable en nuestra historia, y vosotros tendréis un motivo más de recordarlo, cuando en él, por primera vez, veis en mis manos la bandera nacional que ya os distingue de las demás naciones del globo”.-
Acto continuo, arrió la insignia Española del frente del cabildo y en su reemplazo izó nuestra bandera, que fue bendecida por el Presbítero Gorriti.-
Por vez segunda se indignó el Triunvirato al enterarse, ordenándole Bernardino Rivadavia, su secretario, que creía que había sido desobedecido por el general, el cese inmediato de su uso.- “El gobierno deja a la prudencia de V.S. mismo la reparación de semejante desorden, pero debe prevenirle que esta será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos de su autoridad y los intereses de la nación que preside….”
Belgrano informó que había actuado así, por su desconocimiento de la orden anterior, que lo había hecho deseando que estas provincias se cuenten como una de las naciones del globo; pero no habiendo el gobierno declarado la independencia aclaró: “La desharé para que no haya memoria de ello.- Si acaso me preguntan por ella, responderé que se reserva para el día de una gran victoria”.-
La bandera de Belgrano que se conserva actualmente en la Casa de Gobierno de Jujuy, que tiene bordado sobre fondo blanco el Escudo Nacional, si bien es auténtica sin duda alguna, no es como se sostuvo erróneamente por sus custodios, su primer bandera.- Es posterior a las referidas y tiene bordado el escudo nacional sancionado por la Asamblea del año 13.-
No hay duda que Belgrano no se desprendió de esta banderas, sino que las reservó para el día en que fuéramos nación.- Las llevó siempre consigo y las perdió tras la derrota de Ayohuma.-
Años después de estos episodios, el diputado por Buenos Aires ante el Congreso de Tucumán, Dr. Esteban Agustín Gascón, un altoperuano nacido en Oruro y graduado de abogado en San Francisco Xavier, en la sesión del 25 de Julio de 1816 propuso la creación de una Bandera Menor, azul celeste y blanca, quedando pendiente de la adopción previa de la forma de gobierno, para la aprobación de la bandera oficial o de guerra.-
En 1818, ya trasladado el congreso a Buenos Aires, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, solicitó a sus integrantes, la creación de la bandera oficial o mayor, proponiéndola en el mes de febrero, el diputado Chorroarín, igual a la menor, pero con un sol al medio, en la franja blanca.- Así se aprobó.-
El decreto 10.302/44, fijó sus características definitivas: “La aprobada por el Congreso de Tucumán en febrero de 1818, y se formará con los colores celeste y blanco con que el general Belgrano la creó en febrero de 1812, distribuidos en tres franjas horizontales, de igual tamaño cada una, celeste en los extremos, blanca al medio, luciendo en esta un sol con sus treinta y dos rayos, rectos y flamígeros, alternados, dispuestos estos últimos en el sentido que giran las agujas de un reloj”.-
Así, esta última, nuestra bandera de guerra u oficial en un principio, es hoy única por mandato de la Ley 23.208 del 16 de agosto de 1985, que extendió y autorizó su uso también a los particulares.-
Debo hacer constar que el único gobernante que cambió nuestra insignia nacional durante el curso de nuestra historia, fue Don Juan Manuel de Rosas, en su segundo gobierno en Buenos Aires, -
En el año 1.836, prohibió el uso de sus franjas azul celeste, cambiando el color por un azul fuerte y agregando al medio, cuatro gorros rojos, cambiando también el color del sol que pasó a ser también de este último color.- Esta bandera se encuentra en nuestro Museo Histórico Nacional, pero a partir de la batalla de Caseros, volvió la celeste y blanca a ser la bandera de la patria.-
¿Pero que pasó con las banderas de Belgrano?
Vale la pena recurrir a las memorias inéditas -no han sido publicadas-, de un distinguido oficial del ejército del Norte, que se batió en Vilcapugio y Ayohuma.- Se trata de don Julián Paz, hermano del general José María.-
Narra primero la batalla de Vilcapugio, muy reñida, en la que se combatió hasta las 2 de la tarde, habiendo comenzado la lucha a las seis de la mañana.- Vencido nuestro ejercito, se dispersó abandonando el campo de batalla y tras pasar la noche en la Cuesta del Toro, siguió su marcha hasta Macha, donde llegaron tres días más tarde.-
Aquí decidió el general Belgrano reorganizar la tropa, esperar refuerzos y enfrentar nuevamente al enemigo.-
Dice Paz en sus memorias:
“Resuelto a esperar al enemigo y presentarle nueva batalla, trató de elegir el campo mas espacioso y llano sobre el camino que traía el enemigo, para poder emplear su táctica que consistía en hacer cargar la infantería a la bayoneta.- El campo de su elección fue el de Ayuma, distante 4 leguas de Macha, adonde se trasladó nuestro pequeño ejército el 5 de noviembre”.-
“El día 12, el ejército enemigo llegó a las alturas que dominan aquella posición y de donde no podía descender sino por la cuesta de Viluma.- El día 13 me tocó ir a cubrir con 80 dragones aquel punto.- Mis cuidados y diligencia en esa noche correspondían a las posibilidades que pesaban sobre mi.- Aquel punto era la llave de seguridad del ejército y en la noche fue visitado por varios jefes y dos veces por el Gral. Belgrano.- Recuerdo que en una de estas quebré mi espada recordado a golpes a soldados a quienes había vencido el sueño profundamente”.-
“Al amanecer del día 14 descubrí al ejército enemigo descendiendo ya la cuesta e inmediatamente mande un oficial subalterno con el parte al Gral. Belgrano.- Éste dispuso que el ejército oyese misa y recibiese la absolución general y concluido este acto, mandó al ejército a ocupar la posición designada para esperar al enemigo que se avanzaba rápidamente”.-
“Cuando yo me replegué con mis fuerzas ya estaba ejecutado todo aquello, y antes de ir a ocupar mi puesto busqué al capellán a quien muy compungido pedí me hiciera participe de la santa absolución”.-
“Este día consiguió el enemigo el triunfo mas completo sobre nuestras armas.- Perdimos 160 oficiales entre muertos y prisioneros y más de 2.000 hombres de tropa.- El enemigo debió la victoria al mayor numero de sus tropas y a su mucha artillería, y no al poco valor de nuestros soldados que se condujeron bizarramente.- El Gral. Pezuela en su parte al Virrey Abascal, le hace esta justicia cuando habla del cañoneo de cerca de una hora que sufrimos sin contestarlo porque nuestro ejército no tenía cañones.- Dice, hablando del cañoneo, que nuestros soldados parecían árboles que habían echado raíces en el suelo, aludiendo a la serenidad con que nuestro ejército sufrió el fuego que lo diezmaba”.-
“De los mil incidentes que hubo en esta catástrofe me limito solo a referir los que me tocan.- Mi hermano José María había perdido su caballo, muerto a bayonetazos entre las filas enemigas, pero logró montar otro de un capitán que había caído herido de un balazo”.-
“El General Belgrano había emprendido su retirada seguido por un corto número de dispersos, y cubríamos su retaguardia 60 dragones a las órdenes del Coronel Cornelio Zelaya.- Estábamos a 16 o 20 cuadras del campo de batalla y el enemigo nos perseguía con viveza.- Al pie de la cuesta por donde subía el Gral. Belgrano había un pequeño arroyo y tuvimos orden de echar pie a tierra y contener al enemigo con el fuego de nuestras carabinas”.-
“Se logró contener las primeras fuerzas de caballería que nos perseguían y dar tiempo que se alejaran nuestros dispersos y fatigados infantes, pero muy luego cargaron contra nosotros columnas de infantería que nos obligaron con sus fuegos a ponernos en precipitada retirada.- El barranco del arroyo que teníamos que subir tendría tres varas de alto y en la senda o camino no cabía más de un jinete.- El conflicto era tal que todos se atropellaban a subir primero, y yo, no sé por que móviles, vine a quedar de los últimos.- Cuando ya repechaba y casi tocaba la planicie arriba, una bala de cañón abrió mi caballo y cayó muerto conmigo al puie del arroyo.- Yo llevé un ligero golpe en la cabeza y me lastimé algo la pierna que cayó bajo el caballo, pero pude incorporarme, tomar la gorra y empezar a subir a pie en seguimiento de mis compañeros, de los que, los pocos que me vieron caer, me abandonaron creyéndome muerto, como después me lo dijeron.- Los enemigos habían llegado a mi caballo que estaba ricamente aperado con recado, cabezadas de plata, pistoleras y buenas pistolas, y yo llevaba puesto el vistoso uniforme de dragones que consistía en chaqueta llena de galones y bordados de plata y una gorra o morrión adornados con igual lujo.- No dudo que esto contribuyó a que en aquel momento fuese el blanco de los fuegos del enemigo y protesto que es la vez que he oído silvar mas balas sobre mi cabeza”.-
“Yo seguía mi fuga, apoyándome en mi espada, pero con gran lentitud por el dolor de mi pierna y más que todo el cansancio no me permitía hacer más.- Esperaba ser de un momento a otro atravesado por una bala o caer prisionero, cuando veo venir a mi hermano José María.- Llega a mi y me dice que monte en las ancas de su caballo, le contesto con voz sofocada que no puedo.- Él entonces me dice “nos sacrifican”, tal era el fuego que sufríamos.- Me toma de un brazo, lo engancho con el suyo, pica el caballo y a gran galope me arrastra hasta un bajío, donde mas libre de fuego me hace subir a un promontorio, me ayuda o me arrastra a las ancas del caballo, amarra mi cuerpo al suyo, parte y llega donde iban los compañeros y me salva.- Solo un buen hombre, un buen amigo podía arrostran tanto peligro por otro” (sic).-
La transcripción anterior, copiadas textualmente de las memorias de su actor, explican por si solas los motivos por los cuales el General Belgrano debió desprenderse de sus banderas.-
Pero no quedaron abandonadas para perderse con el resto de su equipaje.- El cura patriota de Macha, Juan de Dios Aranivar, que antes de la batalla rezó una misa para la tropa, que no se encontraba en el campo de batalla, tomo a su cargo la misión de salvar las dos banderas de Belgrano, que estaban en la capilla de Macha, su residencia.- La de Rosario, del 27 de febrero de 1812 (que se conserva en Sucre) y la presentada en Jujuy el 25 de mayo de 1812 (que está en el Museo Histórico Nacional, en Buenos Aires), escondiéndolas astutamente en una de las capillas secundarias de su curato, antes de darse él también a la fuga.- Nunca más volvería.-
Pasaron muchos años.- El padre Martín Castro, estaba a cargo del curato de Macha y notó en 1883 en la capilla de Titiri, sita a 2 leguas de Ayohuma rumbo a Potosí, tras dos cuadros de Santa Teresa, unos adornos que se desprendían de su marco, que parecían telas de seda sucias.-
Al desarrollarlos, se asombró al comprobar que eran dos banderas argentinas, con otras dos de ejercito, estas de color azul y rojo.-
No dudó en la importancia del hallazgo, por lo que viajó a Sucre, a dar cuenta del mismo al arzobispo, pero al llegar, chocó con problemas personales que afectaban su persona y las autoridades religiosas, lo suspendieron por varios años.- Así no ventiló el hallazgo que se siguió ignorando.-
Las banderas continuaron en su sitio original.-
Dos años más tarde, su sucesor, el padre Primo Arrieta , las redescubrió en la Capilla de Titiri, hecho que comentó con el subprefecto de la provincia, que hizo público el hallazgo.- Aquello era muy importante.- ¿Que eran esas banderas?
Como intentó apropiárselas, el padre Arrieta anotició de inmediato al Arzobispo el encuentro de las “dos banderas Argentinas”, el que le ordenó levantar para su resguardo un acta notarial.-
Arrieta la realizó ante escribano público en Colquechaca, el 10 de septiembre de 1.885, con la comparencia además de él, del Subprefecto Abdón S. Ondarza, del Juez del Partido Dr. José Lloza, del Juez de Instrucción Dr. Feliciano Abastoflor, del Cura Párroco de Colquechaca Dr. Vicente Padilla y otros reconocidos ciudadanos del lugar.-
Pero lo más importante para nosotros, es que estuvieron presentes y firmaron el acta especialmente invitados, “el Sr. Cónsul General de la República Argentina, señor Mariano Pero, acompañado por su antecesor en la función, señor Antonio Tejada”.- Argentina tomaba así noticia del encuentro de nuestras banderas a través de sus funcionarios consulares.-
Al labrar el acta, el Padre Arrieta, extendió sobre la mesa del salón municipal la única bandera que había llevado a Colquechaca, ya que las otras la dejó en su curato.-
El Sr. Subprefecto reconoció que ella era una de las dos banderas argentinas que el dos de abril de ese año, había visto en la Capilla de Titiri, clavadas tras el retablo del templo.- Era la segunda bandera de Belgrano.-
Sabiendo que el señor cura de Macha podía testificar sobre esta bandera, lo mismo que sobre otra que estaba en su poder, y que las mismas podían haber pertenecido al ejercito unido (Argentino-Altoperuano), que combatió a los españoles en los campos de Vilcapugio y Ayohuma, el subprefecto pidió al Padre Arrieta una declaración bajo juramento.-
Lo presto este sacerdote y dijo, conforme se transcribe en el acta:
“Habiendo tomado posesión el día 16 de octubre de 1883 de la Capilla de Titiri, encontré las dos banderas argentinas arrolladas y sirviendo de especie de marco de dos cuadros de Santa Teresa, y deseando quitar estos adornos sucios, los desenvolví y encontré huellas de sangre, lo que me dio idea del mérito de las banderas y las clavé a la pared cubriéndolas con los dos cuadros dichos.- Creo ahora que no pueden ser otras que las traídas por el general Belgrano y perdidas en AYOMA, porque el cuidado y su conservación revela que una mano amiga las guardó, conociendo su importancia moral, en un lugar retirado de la parroquia, como es Titiri, no en el templo principal de donde las habrían arrancado los realistas que vivían y recorrían el país….Concluyo pidiendo el honor de esta conservación en la capilla de Titiri, porque el señor cura de entonces, que me consta que fue muy amigo del general Belgrano y cuyo nombre integro lo daré en breve, pues en este momento no lo recuerdo….que desapareció de esta parroquia sin sentar las diligencias precisas en los libros parroquiales, cosa indispensable para una entrega pacifica de la parroquia, lo que indica que su patriotismo lo condenó a la proscripción, dejo las reliquias encontradas, constantes de dos banderas argentinas y dos que llevan los colores rojo y azul, con encargo de no tocarlas, pues de otro modo su sucesor las habría sacado de la Capilla de Titiri y Pampuri”.-
Agregó el padre Arrieta en su declaración, que el señor subprefecto, enterado del hallazgo, “concurrió sin darle aviso ninguno a Titiri, donde halló las dos banderas Argentinas solamente y que él las guardó para evitar una sustracción, desde que el señor subprefecto dio conocimiento al público del hallazgo, en Colquechaca, el día 16 de julio, y que no las entregaba todas por no tener atribuciones para ello y esperaba órdenes del reverendísimo señor Arzobispo, sobre el particular”.-
Con lo que terminó dicha acta, que pasó ante el notario Juan Carlos Espinosa y firmaron todos los presentes, quedando depositada en la Prefectura, solo la bandera de seda de dos colores que se había exhibido en el acto, es decir, de dos fajas celestes despintando y una blanca al centro, rota y estropeada, con manchas descoloridas de sangre, sin duda por la acción del tiempo.-
Pero hubo un acta posterior, esta vez sin testigos , sin motivo alguno que la justifique y en forma de declaración personal y no juramentada, efectuada por el mismo padre Arrieta en la ciudad de Potosí, en noviembre de 1892 (Siete años después de la de Colquechaca), cambiando los hechos relatados.- En ella el sacerdote:
1º) No declara bajo juramento de decir verdad, como en el caso anterior-
2º) Cambia su declaración inicial y refiere que encontró solo 2 (dos) banderas en lugar de 4 (cuatro) del acta de Colquechaca, que las encontró clavadas en la pared, y no como marco de dos cuadros de Santa Teresa, señalando que una era Celeste y Blanco y la otra Azul y Roja.-
3º) No justifica el motivo de la labranza de esta nueva acta.-
4º) Omite declarar la bandera que esta actualmente en Sucre y otra de ejercito también Azul y Roja.-
No cuesta pensar que la labró para retener en su poder – o el de la iglesia -, la otra bandera Argentina, que el había encontrado y retenido en su poder.-
Lo cierto es que el acta, va a tener gran importancia en las futuras negociaciones para el recupero de las banderas de Belgrano, por parte de las autoridades diplomáticas Argentinas, ya que la negociación girará en base a ella olvidando la de Colquechaca.-
Dice el padre Arrieta con referencia a las banderas, que consultó con dos capilleros indios, muy ancianos en Charawitu, los cuales le explicaron que en su infancia supieron que tuvo lugar una batalla en Charawitu (Ayohuma), en época del rey, en la cual intervino el cura de Macha.- Los amigos del cura perdieron y los vencedores persiguieron a este, que pasó desde entonces sus días entre los indios, llegando solo de incógnito algunas veces a Macha.- Este fue quien trajo las banderas y las colocó donde se ahora se hallaron y desde entonces nadie las tocó.-
Le dijeron también los indios que el general Belgrano, antes de la derrota, vivía en “la casa parroquial de Macha”.-.
Confrontado el libro Parroquial, el padre Aranivar, no firmó más acta alguna desde el día de la batalla de Ayohuma.-
El padre Arrieta al labrar la segunda acta, tenia conocimiento de que Argentina reclamaría las banderas encontradas.- Ello fue así gracias al Dr. Adolfo Carranza, Director de nuestro Museo Histórico Nacional, que al enterarse del hallazgo, interesó de inmediato a nuestro Ministro Plenipotenciario en Sucre, para que iniciara los tramites diplomáticos necesarios para la devolución de las banderas Argentinas.-
Nuestro representante, en ese momento don Benjamín Figueroa, fue el primero que solicitó oficialmente la entrega de las dos banderas de Belgrano, que no correspondía retener en Bolivia, ya que no eran trofeos de guerra, ni habían quedado depositadas voluntariamente por nuestro general, sino que la guarda escondidas en la Capilla de Titiri, era producto de la famosa retirada.-
Primero lo hizo mediante una petición verbal el 18 de mayo de 1893 y otra escrita el 4 de junio siguiente.-
El 23 de Mayo de 1896, se llegó a un acuerdo y se labró un acta en la ciudad de Sucre, entre nuestro representante diplomático, entonces el Dr. Alberto Blancas y el canciller de la República de Bolivia.-
Pero Bolivia restituyó solamente la bandera exhibida en Colquechaca, que tenían sus autoridades y no la que había quedado en manos del padre Arrieta o de la iglesia, que lamentablemente no se reclamó.- l
Al recibirla nuestro representante, el Dr. Alberto Blancas, no efectuó ningún tipo de reserva, respecto de esta segunda bandera, la primera de Belgrano, la izada en las barrancas del Paraná el 27 de febrero de 1812.-
Ese es el motivo por el que actualmente, la primer bandera de Belgrano se exhibe en el Museo Histórico de Bolivia, en la Casa de la Libertad.-
La segunda bandera argentina, la del 25 de mayo de 1812, la que Bolivia reintegro, está en cambio en nuestro museo Histórico Nacional donde se exhibe bajo el nombre errado de Bandera de Macha o de Ayohuma.-
Justo es decir que los bolivianos, que consideran que también los cobijo en años de lucha común bajo el mismo pabellón, la guardan con respeto y veneración, considerándola también parte de su historia.-
Ese es el motivo por el que no puede exhibirse en el Monumento a la Bandera de la Ciudad de Rosario.-
Dr. Roberto E. Porcel

Bibliografía:

MEMORIAS DEL BRIGADIER GENERAL CORNELIO SAAVEDRA.- 1º de enero de 1829.-
MEMORIAS INEDITAS DE DON JULIAN PAZ.-
ACTA DE COLQUECHACA.- 1885.-
MANIFESTACION DE POTOSI DEL PADRE PRIMO ARRIENTA.- 1895.-
ACTA DE SUCRE DEL 23 DE MAYO DE L896.-
CRONICA HISTORICA ARGENTINA .- Asesor: A. L. Pérez Amuchastegui.- Redacción: Raul L. Carman, Ignacio L. Palacios Videla y Ricardo Luis Molinario.- Editorial Codex SA..- 1968.-
¿NOS DEVOLVERAN LA BANDERA DE BELGRANO? – Eduardo O. Dürnhöfer.- 1998.-
LAS BANDERAS DE MACHA.- Roberto Edelmiro Porcel.- Revista de “La Casa de la Libertad”, Año 5 Nª 9, Sucre, Bolivia, 2001.-
LAS MAL LLAMADAS BANDERAS DE MACHA.- Julián Lahoz. Revista Historia.- Año XXI, Nº 81.- 2001.-
DESTRABANDO UN EMBROLLO HISTORICO.- Eduardo O. Dürnhöfer.- Revista Historia.- Año XXI, Nº 81.- 2001.-
LAS TRES BANDERAS DE BELGRANO.- David Prando.- Revista Historia.- Año XXI, Nº 83.- Año 2001.-
LAS BANDERAS DEL GENERAL BELGRANO.- Roberto Edelmiro Porcel. Conferencia dada el 30/6/2005 en el Museo Isaac Fernández Blanco, publicada por el Jockey Club.-
LAS BANDERAS DE BELGRANO.- Roberto Edelmiro Porcel.- Revista Historia.- Año XXVII.- Nº 106.- Año 2007.-
ENIGMA SOBRE LAS PRIMERAS BANDERAS ARGENTINAS.- Adolfo Mario Golman.- Editorial de los cuatro Vientos.- 2007.

lunes, 4 de febrero de 2013

Festejos del Bicentenario del Combate de San Lorenzo

Algunas imagenes en el Campo de la Gloria, en la ciudad de San Lorenzo, la provincia de Santa Fé; el día domingo 3 de febrero de 2013 en los festejos del Bicentenario del Combate de San Lorenzo.









domingo, 3 de febrero de 2013

Bicentenario del Combate de San Lorenzo

1813 - 3 de Febrero - 2013
Bicentenario del Combate de San Lorenzo


El Combate de San Lorenzo fue librado entre el ejército patriótico de Granaderos a Caballos, bajo el mando del entonces Coronel José Francisco de San Martín, y las fuerzas realistas, comandadas por Antonio Zabala, el 3 de febrero de 1813, durante la Guerra de Independencia Argentina, en las cercanías de la posta de San Lorenzo, actual provincia de Santa Fe. El resultado de este enfrentamiento fue una clara victoria de los granaderos de San Martín, quienes perdieron unos 20 hombres, mientras que los realistas perdieron 40 más numerosos heridos. Se puede enunciar que los antecedentes luego de la ruptura política con España y la deposición del virrey Cisneros en Mayo de 1810, Montevideo había sido declarada por España como la nueva capital del Virreinato del Río de la Plata. Hacia principios de 1813, esta ciudad Uruguaya estaba siendo sitiada por las fuerzas criollas, conducidas por José Rondeau. Para poder abastecerse de víveres y subsistir el sitio, los españoles debían salir navegando por el Río de la Plata a otros puntos ribereños en buscas de alimentos. Hacia fines de enero de 1813, once embarcaciones españolas habían partido de Montevideo para merodear las costas en busca de provisión. Éstas habían sido avistadas cerca de la costa occidental del río Paraná y a las cuales San Martín las había estado siguiendo por tierra de acuerdo a las instrucciones impartidas a él por el Segundo Triunvirato. Los españoles habían desembarcado para avanzar hacia el convento de San Carlos, cerca de la posta de San Lorenzo. Sin embargo, San Martín y sus granaderos, que se habían adelantado a los realistas, habían estado escondido desde el día anterior en el mismo convento planificando el ataque contra las fuerzas realistas. Los acontecimientos del combate, se dio inicio en el amanecer del día 3 de febrero de 1813 en donde los 120 granaderos dejaron el Convento de San Carlos y se prepararon para el combate en espera de la llegada de los realistas que habían desembarcado a las 05:30 de esa mañana y que se dirigían hacia el convento. San Martín desplegó a sus hombres en dos escuadrones de granaderos compuestos por 60 hombres cada uno; el ala izquierda estaba comandada por Justo Bermúdez, mientras que el ala derecha sería dirigida por San Martín; en el centro, detrás de unas arboledas se ubicaron las tropas de infantería y que actuarían como reserva. Los realistas marchaban en dos columnas con tres cañones. Cuando el enemigo se acercaba, alrededor de las 06:30 horas, el clarín del regimiento de Granaderos a Caballo sonó por primera vez, marcando el inicio del combate. Los granaderos del ala derecha, comandada por San Martín, fueron los primeros en alcanzar al enemigo, quienes no tuvieron tiempo en usar sus cañones y de realizar una formación defensiva. En feroz combate, los granaderos atacaron a los realistas con sables hasta reducir y poner en retirada a la columna principal. Cuando el ala izquierda, conducida por Bermúdez, entró en combate, los realistas no pudieron defender el terreno y emprendieron la retirada. Durante el ataque a un grupo de soldados realistas que cubría la retirada, el caballo de San Martín fue alcanzado por el fuego enemigo. Éste cayó, atrapando la pierna del comandante. En esos momentos un realista intentaba matar a San Martín, pero el soldado Baigorria y el Sargento Cabral intervinieron a tiempo, dando muerte al realista y salvando la vida a su comandante, quien pudo ser liberado del peso de su caballo muerto. En la confusión y fragor del combate, otro realista dio muerte a Cabral. La caída de San Martín posibilitó que gran parte de las tropas enemigas huyeran, dejando detrás 40 muertos y muchos heridos, más los tres cañones.


El parte del Combate de San Lorenzo suscrito por el Coronel José Francisco de San Martín, al gobierno de la Asamblea del Año XIII. “Exmo. Señor: Tengo el honor de decir a V.E. que en el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo a las armas de la patria. Los enemigos en numero de 250 hombres desembarcaron a las 5 y media de la mañana en el puerto de San Lorenzo, y se dirigieron sin oposición al Colegio San Carlos conforme al plan que tenían meditado en dos divisiones de a 60 hombres cada una, los ataques por derecha e izquierda, hicieron no obstante una esforzada resistencia sostenida por lo fuegos de los buques, pero no capaz de contener el intrépido arrojo con que los granaderos cargaron sobre ellos sable en mano: al punto se replegaron en fuga a las bajadas dejando en el campo de batalla 40 muertos, 14 prisioneros de ellos, 12 heridos sin incluir los que se desplomaron, y llevaron consigo, que por los regueros de sangre, que se ven en las barrancas considero mayor numero. Dos cañones, 40 fusiles, 4 bayonetas, y una bandera que pongo en manos de V.E. y la arrancó con la vida al abanderado el valiente oficial Don Hipólito Bouchard. De nuestra parte se han perdido 26 hombres, 6 muertos, y los demás heridos, de este número son: el capitán D. Justo Bermúdez, y el teniente Manuel Díaz Vélez, que avanzándose con energía hasta el borde de la barranca cayó este recomendable oficial en manos del enemigo. El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la patria, y atenciones de V.E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que á la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros. Seguramente el valor e intrepidez de mis granaderos hubieran terminado en este día de un solo golpe las invasiones de los enemigos en las costas del Paraná, si la proximidad de las bajadas no hubiera protegido su fuga, pero me arrojo a pronosticar sin temor que este escarmiento será un principio para que los enemigos no vuelvan a inquietar a estos pacíficos moradores. Dios guarde a V.E. muchos años. San Lorenzo, febrero 3 de 1813.”

domingo, 6 de enero de 2013

5 de enero de 1817

"¡Soldados, ésta es la bandera..!"

Hace 196 años, el general José de San Martín hacía jurar a sus soldados fidelidad a la Bandera de los Andes, antes de iniciar la campaña libertadora. Ocurrió en Mendoza.

Al amanecer del 5 de enero de 1817, el Ejército de Los Andes dejaba El Plumerillo, donde había sido equipado y entrenado por su jefe, para comenzar la marcha solemne hacia la capital mendocina para la jura de su enseña.
Damián Hudson cuenta que la columna entró por la antigua calle de La Cañada, conmocionando a la Mendoza Antigua, con sus uniformes de gran parada y armas relucientes listas para iniciar el cruce de los Andes.
En seguida, las fuerzas se detuvieron frente al Convento de San Francisco, esperando la salida de la Virgen del Carmen, patrona del Ejército de los Andes que, portada en andas y acompañada por todo el clero, fue puesta al frente de las filas patriotas, seguida por el Capitán General; el gobernador intendente Toribio de Luzuriaga, el Cabildo, el resto del clero y el pueblo. La marcha continuó hasta la iglesia matriz donde se encontraba depositada la Bandera bordada a iniciativa de las damas mendocinas con las hermanas del Monasterio de la Buena Enseñanza, hoy Compañía de María.
Una vez allí fue bendecida en el marco de una misa a cargo del capellán castrense José Lorenzo Güiraldes (imagen que ilustra esta nota). Finalizada esta parte, se reanudó la procesión hasta una plataforma al costado de la iglesia - hoy Área Fundacional - y allí al asomar la Bandera y la imagen de la Virgen, las tropas presentaron armas y batieron marchas, y el futuro Libertador colocó en las manos de la Virgen su bastón de mando, tal como lo hiciera Belgrano con la Virgen de la Merced en vísperas de la batalla de Salta.
Posteriormente, San Martín tomó la Bandera bendecida y, dirigiéndose a su tropas, a los cuyanos, porteños, chilenos y americanos presentes, expresó: "¡Soldados: ésta es la primera bandera independiente que se bendice en América! (Luego la batió por tres veces, acto que fue contestado por los presentes con un gran ¡Viva la Patria!) Y continuó: ¡Soldados! ¿Jurad sostenerla muriendo en su defensa como yo lo juro?" - ¡Lo juramos!, fue la respuesta contundente, seguida de una salva de cañonazos saludando a la Bandera redentora de medio continente. En seguida los cuerpos se acercaron al Gran Capitán para recibir de sus manos los estandartes, también bendecidos, que los identificaría en batalla.
Terminada la ceremonia, la Virgen fue conducida al templo y la Bandera fue exhibida a la contemplación del pueblo. A continuación se declararon tres días de fiestas entre los que se destacaron un sarao para la oficialidad, un almuerzo para la tropa y corridas de toros en las que brillaron la bravura e intrepidez de los jóvenes oficiales.
Las diversiones públicas constituyeron la despedida de madres, esposas e hijos/as, a los valientes que partían a independizar América bajo la protección de la Virgen, el liderazgo de San Martín y con la guía del primer estandarte independiente, pues era la primera enseña que partía a la guerra con el patrocinio del Congreso de Tucumán y con el respaldo de la Declaración de Independencia, proclamada por el honorable cuerpo a instancias del propio San Martín.
Así el estandarte que los mendocinos lucimos como insignia provincial ubicada en el recientemente inaugurado memorial frente a Casa de Gobierno, representa el esfuerzo y la entrega de todo un pueblo en aras de un supremo ideal. Esta divisa es la guía que día a día debe recordar a los mendocinos nuestro linaje heroico e infundir en las generaciones actuales y futuras el orgullo y compromiso de ser portadores de un legado irrenunciable de nuestros padres fundadores.

Por Juan Marcelo Calabria - Asociación Cultural Sanmartiniana "Mi Tebaida"

Publicado el 5 de enero de 2013 en Los Andes Opinión:

lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz Navidad y Augurioso 2013

Estimadas y estimados Socios, Instituciones, Lectores y Amigos.

Les Deseamos Felices Fiestas  
y un Excelente Año 2013.

Comisión Directiva
Asociación Cultural
Sanmartiniana de La Matanza

viernes, 14 de diciembre de 2012

Informativo Nº 94

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO

ASOCIACIÓN CULTURAL
SANMARTINIANA DE LA MATANZA

 

INFORMATIVO OCTUBRE, NOVIEMBRE y DICIEMBRE DE 2012-AÑO XXXVIII-NRO.94

AÑO DEL BICENTENARIO DE LA CREACIÓN DE LA BANDERA NACIONAL Y DEL RETORNO A LA PATRIA DE JOSÉ DE SAN MARTÍN


POR QUE TODO ARGENTINO 
DEBE SER SANMARTINIANO
José Pacífico Otero (1)

1º.-Porque el sanmartiniano trasunta una nueva doctrina que emerge de la bondad y de la perennidad de la patria.

2º.-Porque el sanmartiniano  se remonta en sus causas primarias a los orígenes de la nacionalidad y estudia y analiza a esta nacionalidad en el cuadro histórico en que se gestó y se desarrolló la patria.

3º.-Porque al enfocar ese estudio se enfoca la figura máxima de esa gestación y de todo en el noble campo del pensamiento y de la inteligencia.

4º.-Porque estudiando a esta figura guerrera y espiritual del ciclo heroico que es San Martín, se estudian a las figuras menores que actuaron dentro de la órbita y obedeciendo el mismo impulso creador a que obedecía el Héroe, crearon y fundamentaron la epopeya.

5º.-Porque el sanmartiniano es una doctrina apolítica y de virtual trascendente, lo que permite que el corazón de los argentinos se vuelque por igual en la patria del pasado, del presente y del porvenir.

(1)-Fundador del Instituto Sanmartiniano, luego nacionalizado; su esposa en su memoria donó la réplica de la casa de Gran Bourg, que es donde hoy desarrolla sus actividades el Instituto.



JUAN BAUTISTA ALBERDI, 
ENCUENTRO CON SAN MARTÍN
14 de septiembre de 1843
“¡Qué diferente lo hallé del tipo que yo me había formado oyendo descripciones hiperbólicas que me habían hecho de él sus admiradores en América! Por ejemplo: yo le esperaba más alto, y no es sino un poco más alto que los hombres de mediana  estatura. Yo le creía un indio, como tantas veces me lo habían pintado, y no es más que un hombre de color moreno, de los temperamentos biliosos.  Yo le suponía grueso, y, sin embargo, de lo que esta más que cuando hacía la guerra en América, me ha parecido más bien delgado; yo que creí que su aspecto y porte debían ser algo grave y solemne, pero lo hallé vivo y fácil en sus ademanes y en su marcha, aunque grave, desnuda de todo viso de afectación. Me llamó la atención su metal de voz, notablemente gruesa y varonil. Habla sin la menor afectación, con toda llaneza de un hombre común. Al  ver el modo de cómo se considera el mismo, se diría que este hombre no había hecho notable en el mundo, porque parece que él es el primero en creerlo así. Yo había oído que su salud padecía mucho, pero me quede sorprendido al verlo más joven y más ágil que todos cuantos generales he conocido de la guerra de nuestra Independencia, sin excluir al general Alvear, el más joven de todos. El general San Martín padece en su salud cuando está en inacción, y se cura sólo al ponerse en movimiento. De aquí puede inferirse la fiebre de acción de que este hombre debió haber poseído en los años de tempestuosa juventud. Su bonita y bien proporcionada

cabeza que no es grande, conserva cabellos, blancos hoy casi totalmente, no usa patilla ni bigote a pesar de que hoy lo llevan por moda hasta los pacíficos ancianos. Su frente que no anuncia un gran pensador, promete, sin embargo, una inteligencia clara y despejada, un espíritu delicado y audaz. Sus grandes cejas suben hasta el medio de la frente cada vez que se abren sus ojos, llenos aún de fuego de la juventud. La nariz es larga y aguileña, la boca pequeña y ricamente dentada, es graciosa cuando sonríe; la barba es aguda. Estaba vestido con sencillez y propiedad, corbata negra atada con negligencia, chaleco de seda, negro, levita del mismo color, pantalón mezcla celeste, zapatos grandes. Cuando se paró para despedirse acepté y cerré con mis dos manos la derecha del grande hombre que había hecho vibrar la espada libertadora de Chile y el Perú.”  



“No debemos ir a buscar ejemplos ni imitaciones en ninguna parte, cuando tenemos en nuestra historia la página más pura que la humanidad ha producido hasta nuestros tiempos. No debemos buscar inspiraciones extrañas cuando el General San Martín, allá en los Andes, hace más de cien años, dejó escrita para todas generaciones argentinas la gloria y la forma de alcanzarla.
                                                                                                                                                   Juan Perón



HONORES POSTUMOS
“LUTO PARA EL EJÉRCITO DECRETADO POR EL CONGRESO DE CHILE”
MINISTERIO DE GUERRA
Capitán General D. José de San Martín
Santiago, noviembre 23 de 1850
Habiéndose dado aviso al Gobierno por el Encargado de Negocios de Chile residente en París, que el 17 de Agosto último falleció en Boulogne el Capitán General del Ejército de Chile D. José de San Martín y considerando: 
1o.-Que el mencionado Capitán General prestó a varias Repúblicas de la América del Sur, y especialmente a Chile, mui distinguidos e importantes servicios en las guerras de su emancipación política;
2º.-Que es un deber del Gobierno de la República honrar su memoria y manifestar cuanto deplora su pérdida;
He venido a acordar y decreto:
1º.-La guarnición del Ejército que existe en esta Capital, vestirá de luto por el término de quince días, a consecuencias del fallecimiento del Capitán General D. José de San Martín.
2º.-Los Comandantes Generales de Armas de la República impartirán las órdenes para que los cuerpos del Ejército que existan en las provincias de sus mandos lleven también luto por igual motivo y en el mismo término.
3º.-La misma orden se dará a la Escuadra por el Comandante de Marina.
Comuníquese y publíquese.
                                      Bulnes                                     Pedro Nolasco Vidal
  


LA DESOBEDIENCIA QUE SALVÓ A LA PATRIA

Rivadavia lo increpa por la Jura de la Bandera en Jujuy, reiterándole airadamente el terror por tal resolución, como ya lo había hecho ante la Jura en las barrancas del Paraná,  y haciéndolo responsable de “…la reparación de tamaño desorden”… Es que, mientras pueblos y ejércitos sufrían los avatares de las derrotas y los beneficios de las victorias en la búsqueda de la definitiva independencia; en los integrantes del gobierno en Buenos Aires subyacía el temor por el incierto resultado de la aventura, y se jugaban intereses personales y materiales atados al resultado de la misma. Cuando el general Manuel Belgrano es enviado en marzo de 1812, a hacerse cargo del Ejército del Perú, este ya había sufrido los reverses de Huaqui el 20 de junio de 1811 y de Sipe-Sipe el 13 de agosto siguiente, y había obtenido la primera victoria de las tropas libertadoras al mando Antonio González Balcarce en Suipacha el 7 de noviembre. Pero desde aquel 7 de julio de 1810 que habían partido del Retiro, primero para encauzar la rebelión de Córdoba encabezada por el ex virrey Santiago de Liniers. A la llegada de Belgrano, un sin número de contratiempos, destituciones y movimientos políticos: entre ellos el envío de Saavedra a hacerse cargo de la situación y su derrocamiento como presidente de la Primera Junta y destitución antes de asumir el cargo. Además de las pésimas actuaciones represivas que había llevado a cabo Juan José Castelli, y como consecuencia es exonerado del cargo con la orden de volver a Buenos Aires. Es decir que cuando llega Belgrano a asumir el mando del Ejército y emprender una nueva campaña auxiliadora al Alto Perú, tiene por delante la difícil situación de recomponerlo y levantar la moral de la población fuertemente impactada por las sucesivas victorias de los españoles. Es decir que su misión tenía tanto
 de política como castrense, no olvidemos que la jerarquía eclesiástica y los que temían perder bienes y posiciones, dudaban de las convicciones y fortaleza de los aventureros del Sur. Ese es el clima perdedor que debe afrontar Belgrano, con un ejército que distaba mucho de serlo, hombres mal vestidos, sin armamento y sin instrucción. Tomando como primeras medidas: la organización y la provisión de los medios necesarios para enfrentar a los españoles. Debiendo hacer frente a la hostilidad de la población ante las exigencias de los “porteños”, y encontrar colaboración para el reclutamiento de tropas. Mientras marchaba hacia el sur, asediado por el ejército español compuesto por 3 mil hombres a la ordenes del general Tristán, Belgrano se mantuvo sereno “y jamás desesperó por la salud de la patria, mirando con marcada aversión a los que los que opinaban tristemente sobre ella” (1).  Decidió desbastar el camino para que nada que sirviese al enemigo quedara en pie y es así que planteo la necesidad a la población civil que se replegase junto con el ejército y quemara todo lo que quedaba atrás, produciéndose el Glorioso Éxodo Jujeño. La marcha continuó con Belgrano al frente y Díaz Vélez que se hizo cargo de la retaguardia debió enfrentar a las avanzadas realistas venciéndolas en Las Piedras el 3 de septiembre, victoria que produjo una fuerte repercusión en la moral de las fuerzas patrióticas. Belgrano simuló marchar hacia Santiago del Estero, acción que confundió a Tristán, descuidando las más elementales medidas de orden militar. Belgrano detuvo su marcha en las cercanías de Tucumán y mandó a Juan Ramón Balcarce a entrevistarse con el Cabildo a fin de conocer si contaba con su apoyo para enfrentar a los realistas.  Como respuesta Belgrano recibió  dinero y gente en número apreciable para reforzar sus fuerzas y se comenzó de inmediato con una serie de operaciones para reforzar la ciudad. El 23 de septiembre al avistar la ciudad de Tucumán, el general Tristán tuvo la gran sorpresa, allí lo esperaba Belgrano y su ejército y al día siguiente se decidiría la suerte de la Patria. Lo que se produjo el 24 y que alguien llamó “La batalla criolla” (2). El encuentro se desarrolló en un lugar denominado “Campo de las Carreras”. El choque fue recio, rivalizaron en despliegue de valor ambas partes, y cuando parecía que la superioridad de las tropas, organización y disciplina de las aguerridas fuerzas de Tristán ponían de su parte la victoria; apareció la caballería tucumana, que había estado oculta entre los árboles, esperando la orden de su jefe Balcarce, para arrollar con una carga tendida, dando espantosos alaridos y golpeando con las riendas y rebenques sus guardamontes, con lo que producían un ruido extraño y siniestro que unido al aspecto raro de su indumentaria, sembraron el espanto entre el enemigo, revirtiendo la situación, venciendo a los españoles quienes sufrieron cuatrocientas cincuenta bajas, seiscientos ochenta y siete prisioneros y una abundante pérdida de municiones, materiales y toda la artillería. Ante esta desastrosa situación, Tristán debió retroceder hacia Salta, donde tras un tiempo que permitió a Belgrano recibir refuerzos y reorganizar sus fuerzas, volvieron a enfrentarse, esta vez con la ventaja que Belgrano, con la colaboración de un natural de la zona, el capitán Aparicio, lo sorprendió por la retaguardia, donde tras un comienzo poco auspicioso los patriotas arrollaron a los invasores. Tristán se rindió incondicionalmente. Sellándose así el 20 de febrero de 1813, lo que Tucumán había significado para las Provincias Unidas, la salvación del Norte por obra de la desobediencia de quien en el lugar sabía, lo que hubiese sido para el futuro de la Patria, haber retrocedido según se lo ordenaban los temerosos integrantes del gobierno en Buenos  Aires. En el Bicentenario de estos heroicos hechos, con el más fervoroso reconocimiento y homenaje al General Belgrano y hasta el último de los valientes que, quizás sin saberlo nunca salvaron a la Patria. HONOR Y GRATITUD
(1)-Manuel Lizondo Borda-Tucumán la batalla del pueblo-pág.59
(2)-Caras y Caretas, Mayo de 1910


RETOCAR LA HISTORIA
…la primera vez que se quemaron libros públicamente desde la fundación de Roma fue en época de Augusto. Una vez enterrada la República. En aquella ocasión Augusto ordeno echar a las llamas los libros de historiador Tito Labieno. Tras haberlo condenado a muerte. Su delito había consentido en negarse a cambiar ciertos párrafos de su “Historia Romana”, en los que ensalzaba los tiempos republicanos.
La segunda quema de libros de toda la historia romana tuve el triste privilegio de asistir personalmente. Fue en tiempos de Tiberio, cuando él no había cumplido aún los veintiséis años. Ocurrió aquello cuando comenzaba el consulado de Cornelio Coso y Asinio Agripa. Jamás olvidaría la honda impresión que le produjo ver las obras de su venerado Cremucio Cordo ardiendo en una hoguera en el Foro. Había sido la consecuencia de una acusación insólita en el senado, que el propio emperador aprobó tácitamente al limitarse a fruncir el ceño. Lo acusaron de hablar bien en sus “Anales” de los asesinos de César. Había ensalzado a Bruto y había calificado a Casio como “El último de los romanos”
Pedro Gálvez: El maestro del emperador – págs.80/81


Nos han legado el principio de que la libertad es más preciosa que la vida… Incontables estudiantes, obreros, campesinos, maestros, científicos y voluntarios se han unido en la común lucha contra los verdaderos enemigos de la humanidad que son la tiranía, la pobreza, la enfermedad y la guerra
Mao Yushi (citado por Marcos Aguinis-La Nación: 19-09-2012)

“Reflexiones sobre las ideas de Democracia, Estado, Nación,
País, Patria, Pueblo y República”
Parte de la disertación del Dr. Jorge E. O’Farrell-18-07-1984

… los políticos y gobernantes no deberían nunca apelar al sentimiento patriótico de los ciudadanos para convencerlos de la bondad de sus planes, pues la Patria debe estar por encima de cualquier consideración temporal o política, pública o privada. Es legítimo en cambio, que apelen al respeto, a la dignidad y al amor al país, por la Nación y por la República, para convencer a sus conciudadanos de que deben observar actitudes éticas y aceptar ciertos sacrificios en su quehacer diario, que los propios gobernantes deben ser los primeros en profesar. Pienso que la mejor ventura que podemos desearle a nuestro país , es la que está escrita en la Constitución; que sea siempre una República representativa, democrática y libre; donde el Estado esté al servicio del hombre; donde el motor de lo económico sean las fuerzas vivas particulares; donde las instituciones republicanas funcionen; donde las clases laboriosas y pasivas cuenten con el respaldo de una legislación laboral y social que los proteja adecuadamente; donde la niñez no tenga problemas de nutrición o de sanidad y la juventud tenga posibilidades de ser educada y educarse; donde sean extrañas las dictaduras, los corporativismos y los totalitarismos; donde no haya causas que provoquen violencias; donde se cuente con elementos adecuados de seguridad para evitarlas y reprimirlas dentro de la ley; y donde funcione ordenadamente y en justicia, un cuerpo social educado, solidario y entusiasta. En la medida que se logre esto y que el país se mueva al ritmo acompasado, no de galeotes encadenados, sino de remeros libres; que  todos den de si pensando en si; que todos sientan de cerca como cosa diaria al País, a la Nación y a la República; que la Patria, más que una emoción explosiva, corra como el agua profunda de la pasión por las raíces de nuestro ser; cuando eso se logre, tendremos un estado eficiente, un país respetado, un pueblo activo, una República virtuosa, una Nación grande y una Patria tranquila y fecunda:





Agradeciendo al Instituto Nacional Sanmartiniano,
Municipio y Honorable Concejo Deliberante
de La Matanza, Autoridades, Instituciones,
Medios de Comunicación, Socios y Amigos
el apoyo y la colaboración brindada,
 les deseamos lo mejor

f e l i c e s      f i e s t a s

DICIEMBRE DE 2012

IMPORTANTE
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